De Cáritas al prostíbulo: las barbaridades del mayor caso de proxenetismo de España

EL MUNDO. Los trabajadores de la residencia de Cáritas en Lugo no daban crédito. Pocos días después de que las inmigrantes prostituidas llegaran, al fin liberadas de su situación de esclavitud en puticlubes de la zona, se personaba en el lugar el jefe del Equipo de Mujer y Menor de la Guardia Civil. Invocando su autoridad, y sin documentación de por medio siquiera, el cabo Armando Lorenzo subía al coche patrulla a las chicas, la mayoría brasileñas, y directamente las trasladaba a su nuevo puesto de trabajo, en alguno de los 12 clubes que él mismo controlaba.

Lorenzo completaba así la operación: había cerrado los prostíbulos de los que esas chicas eran rescatadas -los que no le pagaban mordidas-, y él mismo las reubicaba, como si de ganado se tratara, en donde sí lo hacían. Miembros de Cáritas terminaron acompañando, tiempo después, a dos subordinadas de Lorenzo a la Subdelegación del Gobierno para denunciar a quien debía liberar a las mujeres explotadas. Dio igual porque también había implicados. El subdelegado y un funcionario están investigados. Los superiores de Armando Lorenzo (casado, con un hijo mayor y destinado antes en la seguridad de la Audiencia Provincial de Lugo) le protegieron, y ahora varios de ellos le acompañarán en el banquillo de los acusados por la mayor trama de proxenetismo de la historia reciente de España: Carioca.

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