Normalizando la Violencia Sexual: Pornografía, Prostitución y Trata

La hipersexualización de la sociedad se puede ver en imágenes que aparecen no sólo en todo tipo de anuncios publicitarios, videoclips y películas sino también en los sexting -envío de fotos porno a través de los móviles- y las redes sociales, donde podemos encontrar a jóvenes, especialmente mujeres e incluso niñas, en poses que sugieren que desean tener sexo. ¿Qué existe detrás de estas imágenes? ¿Reflejan realmente la sexualidad femenina o reproducen la visión que se tiene de la misma desde una mirada sexual masculina y testosteronada, concebida y alimentada por intereses económicos?

La cosificación de la mujer, que se ve en hechos como la venta de sujetadores push-ups para niñas, no sólo aumentan la violencia verbal y física hacia las mujeres, sino que conforman una cultura de la sexualidad que es clave para la prosperidad de la industria del sexo, ya sea pornografía, prostitución o trata.

Los anuncios publicitarios, el cine, la televisión comienzan un proceso de intento de destrucción de la humanidad de la mujer y construcción del icono sexual; lo cual resulta imprescindible para que aceptemos que todo es “consumible”, incluso los seres humanos, sin que nos cuestionemos la infinidad de elementos coactivos que el sistema prostituyente utiliza para que una persona llegue a aceptar la violación de sus derechos humanos.

Pornografía ligada a la prostitución.

La pornografía está estrechamente ligada a la prostitución. Ambas mueven el negocio del deseo sexual, que cuenta con una gran oferta creciente de “mercancía humana” barata, que aumenta, previsiblemente, cuando crece el paro y se degrada el trabajo a condiciones incluso de esclavitud. ¿Es el negocio del sexo una pieza clave del capitalismo? En términos económicos, la pornografía es la estrella del capitalismo: tiene bajos costes, se distribuye masivamente y se consume individualmente, provoca un deseo que no se llega a satisfacer plenamente, es adictiva y requiere más. La tecno-globalización de la sexualidad por Internet permite consumir porno 365 días al año, 24 horas al día y de forma anónima. En términos antropológicos, es el arma del capital para intervenir en lo más íntimo del ser humano: su sexualidad y desvincularla de lo afectivo. Esta deshumanización se refleja también en el consumo irresponsable de los países enriquecidos; que incluye a los cuerpos humanos. En España, entre 80% y 92% de las mujeres prostituidas son extranjeras pobres.

La pornografía no es sólo la propaganda de la prostitución y la Trata de Seres Humanos. En realidad, las tres son distintas modalidades de esclavitud sexual que se retroalimentan. El porno, cada vez más extremo y violento, es tanto para quienes pagan por sexo como para la mujer prostituida la pedagogía de la prostitución que se utiliza para normalizar la explotación sexual. Un estudio reciente de los vídeos porno más vendidos en EEUU revela que el 88% de las escenas contienen violencia física o verbal, imágenes que muestran a la mujer como un objeto de placer susceptible de ser vejado; lo cual alimenta una concepción de la mujer que nos afecta a todas. Este material también se les proyecta a las víctimas de trata como “entrenamiento” y para conseguir una mayor aceptación de su situación.

Aunque las estadísticas exactas acerca de la venta de pornografía son difíciles de conseguir, se estima que genera más de 100.000 millones de dólares al año en todo el mundo. Personas de toda edad tienen acceso a todo tipo de pornografía; las webs pornográficas ocupan alrededor de un 12% del total de la red. Alrededor de 25% de todas las búsquedas tienen relación con la pornografía y 35% de todas las descargas son pornográficas. El 43% de los usuarios de Internet ven material pornográfico, 1 de cada 3 es mujer. Más de 30% de otros usuarios de Internet han sido expuestos a la pornografía accidentalmente. Lo más aberrante, 116.000 personas buscan pornografía infantil todos los días, lo cual incita a la pedofilia.[1] [2] En la industria pornografía se dan violaciones sistemáticas, enfermedades sexuales, inducción a la droga, depresión, suicidios,[3] y es una de las formas más crecientes de trata de mujeres, niñas y niños.

Las grandes compañías de comunicación son las que mayores beneficios obtienen de la pornografía. Hugues Electronics, brazo mediático de la General Motors, el imperio comunicativo del magnate Rudolp Murdoch: News Corp., un sistema global vía satélite encabezado por Sky Global Network y la operadora DirecTV, Echostar Communications Corporation, AT&T, y otros grandes titanes de la comunicación controlan las distintas maneras de difusión de pornografía en el mundo.[4] Las suculentas ganancias de esta industria han atraído a inversores como Barclays, Royal Bank of Scotland o Deutsche Bank.[5] También existen empresas dedicadas exclusivamente a la pornografía, tales como Playboy Enterprises y Private Media Group.

En cuanto a quienes consumen pornografía, los estudios indican que es adictiva y que la persona desarrolla cierta tolerancia al contenido, exigiendo cada vez imágenes y temáticas más extremas, modifica los mapas cerebrales sobre la base de fotos y vídeos, que piden seguir siendo estimulados para seguir activos, y lleva a la disminución del placer sexual.[6] Con referencia al área afectiva, al ser ésta anulada, se agrede la integridad y la sensibilidad de la persona y nos desnaturaliza al deshumanizar al acto sexual. El sexo pornográfico crea una imagen distorsionada de la sexualidad del hombre -un macho agresivo, activo y viril- y de la mujer -un objeto penetrable pasivo despojado de individualidad.

La prostitución y la pornografía normalizan que mujeres y niñas abastezcan al mercado del sexo, incluso también a través de la Trata. Pretender que este consumo es un acto privado sin trascendencia pública y, por consiguiente, política, es una falacia. Ya en 1949, la Asamblea General de la ONU firma un convenio en el que declara a la prostitución como un atentado contra los derechos humanos.

La verdadera naturaleza del primer negocio multimillonario mundial: la industria del sexo, aplasta la dignidad de la persona, viola sus derechos humanos, la deshumaniza, la esclaviza e incluso la lleva a la muerte. Por ello, debe ser denunciada, desmitificada y combatida cultural y legalmente.

Liberata

[1] The numbers behind pornography: http://www.onlineeducation.net/porn

[2] Stats on Internet Pornography: http://www.onlineeducation.net/porn

[3] Pink Cross Foundation: https://www.thepinkcross.org/

[4] El Negocio de la Pornografía. Autor: Raúl SALAZAR. Universitat Jaume I http://www.uji.es/bin/publ/edicions/jfi9/publ/7.pdf

[5] Portal de Economía Solidaria. Finanzas Alternativas: http://www.economiasolidaria.org/files/guia_cr_valencia_finanzas_alternativas.pdf

[6] Los Costes Sociales de la Pornografía. Autor: James R. Stoner y Donna M. Hughes.

2018-09-09T12:21:51+00:0029 julio, 2017|Categories: Así pensamos, Noticias News|Tags: , , |

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