¿Quiénes somos? Who are we?2016-10-24T15:15:58+00:00

¿Quíenes somos?

La palabra que da nombre a este proyecto explica en buena medida quiénes somos y cuáles son nuestros anhelos. Liberata alude a “la que ha sido liberada” y, por lo tanto, alude no solo a la Libertad, sino a la Liberación.

No fue sencillo encontrar un nombre que expresara las convicciones, motivaciones y propósitos que albergamos. Buscamos un nombre que aludiera al futuro, pero que estuviera cargado de memoria; un nombre que tuviera que ver con el dolor, pero que no estuviera cerrado a la redención; un nombre propio, pero que al mismo tiempo expresara un compromiso comunitario. Debía ser, además, un nombre de mujer.

Liberata nos ha congregado, del mismo modo que esperamos que lo haga con otros, mujeres y hombres, para asumir la responsabilidad de conocer, denunciar y enfrentar las causas de las nuevas formas de esclavitud.

El tráfico y la trata de personas, la explotación laboral, la explotación sexual y la prostitución son formas de cosificación y mercantilización de los seres humanos, mayoritariamente inmigrantes, que se ven agravadas como consecuencia de la sofisticación tecnológica de nuestras sociedades. Ser conscientes de estos males nos lleva a tomar una postura firme ante la necesidad de tipificar, perseguir y castigar tan graves delitos. Sin embargo, la persecución del delito y la denuncia de tan graves violaciones contra la dignidad, la libertad y la integridad humana se revelan insuficientes si no damos un paso más.

Las personas sometidas a la inmigración desregulada e irregular, al tráfico o a la trata de seres humanos, a la violencia y a la explotación laboral y sexual son víctimas. La dignidad de las víctimas, no solo exige una clara y firme condena penal, sino que reclama su reparación y restitución.

Somos mujeres y queremos trabajar como mujeres junto a otras mujeres, generando relaciones de reciprocidad y gratuidad que comprometan a los hombres, las familias, las asociaciones civiles, las comunidades religiosas y, por supuesto, a las instancias políticas y económicas.

Conscientes de que somos seres comunitarios invitados a hacernos cargo de la vida de los demás, queremos comprometernos con mujeres adultas, jóvenes y niñas cuya identidad e integridad haya sido vejada, abusada, maltratada y violada, con hombres, mujeres y niños que son esclavizados en condiciones laborales injustas, con todos aquellos cuyas vidas se ven reducidas a objetos de libre disposición.

Hacen falta mujeres y hombres conscientes del grado de opresión, pero también de liberación de las víctimas, capaces de escuchar y acoger sus relatos, conscientes de que las nuevas características que presenta actualmente la esclavitud requieren un conocimiento y trato interdisciplinar, dispuestos a hacer posible que las víctimas se reconstruyan desde su mundo de valores, creencias, fortalezas y anhelos, resueltas a fomentar, propiciar y acompañar cambios reales, concretos y suficientemente humildes como para reconocer y aceptar que los pasos que se vayan dando son provisionales a la espera de que las víctimas alcancen su liberación.

Estos son algunos de los anhelos que propiciaron nuestro encuentro. Hoy somos cinco, pero aspiramos a ser muchas personas más. Hay que darse prisa puesto que la vida de millones de mujeres, hombres, niñas y niños corre peligro. A nosotros, quienes vivimos hoy, nos corresponde determinar el papel que el futuro tenga en el presente, y uno de los modos de neutralizar los peligros de ese futuro es comprometerse activamente con el presente. Hay que anticiparse porque todavía estamos a tiempo. Para hacerlo, no bastan las instituciones políticas. Somos la gente de a pie, el pueblo, el que debe protagonizar el cambio a una sociedad más justa y más humana.

Who are we?

The word that gives name to this project largely explains who we are and which our yearnings are. Liberata alludes to “the one that has been released” and, therefore, alludes not only to Freedom but also to Liberation.

It has not been easy to find a name that should express the convictions, motivations and aims that we pursue. We were searching for a name that referred to the future, but loaded with memory; a name related to pain, but not shut to redemption; a proper name, but which also expressed communitarian commitment. It also had to be a female name.

Liberata has gathered us, and likewise, we hope it will bring others together, women and men, to assume our responsibility for knowing, denouncing and confronting the causes of the new forms of slavery.

Smuggling and trafficking in persons, labor and sexual exploitation and prostitution are forms of dehumanization and commercialization of human beings, mainly immigrants, which are aggravated as a result of the technological sophistication of our societies. Being aware of these evils leads us to take a firm position as it is necessary to categorize, prosecute and punish such serious crimes. Nevertheless, the crackdown on these crimes and the denunciation of such serious violations against dignity, freedom and human integrity are insufficient if we do not take one step further.

People subjected to unregulated and irregular migration, smuggling or trafficking, violence and labor and sexual exploitation are victims. The dignity of victims not only demands a clear and firm prison sentence, but also compensation, reparation and restitution.

We are women who want to work as women, close to other women, promoting relationships of reciprocity and gratuitousness that involve men, families, associations, religious communities and, by all means, political and economic instances.

Aware of the fact that we are communitarian beings invited to take responsibility for other people’s lives, we want to make a commitment with women of all ages and girls whose identity and integrity have been harassed, abused, mistreated and violated, with men, women and children who are enslaved in unfair working conditions, with all those people whose lives are reduced to being open available commodities.

What is needed are women and men aware of the degree of oppression victims suffer, but also of their potential for liberation; people capable of listening to and welcoming their stories, aware that the new characteristics of slavery at present require interdisciplinary knowledge; people willing to make it possible for victims to reconstruct themselves from their own values, beliefs, strengths and yearnings; people determined to promote, facilitate and accompany their changes, humble and concrete enough to recognize and accept that the steps taken are provisional in the hope that victims reach their liberation.

These are some hopes that have brought us together. Today, there are five of us, but we aspire to be many more. Making haste is key as the survival of millions of men, women and children is threatened. It is those of us who live today that need to decide the role the future plays in the present, and actively committing ourselves to the present is a way to neutralize dangers in the future. We need to be one step ahead because we are still in time. In order to do so, political institutions are not enough. It is us, ordinary people, who have to take the lead in transforming our society into a fairer and more humane one.